Animal cautivo

Hay que asumir que se es un animal, cautivo, entre los límites poco claros del espacio cibernético, universal, dudosamente real. Soy un animal... sólo tengo esa certeza y no me queda otra alternativa que escribir poesía para humanizarme. Tal vez debo decir solamente Escribir. Sé que no es la mejor manera para instalarse en un blog dispuesta a cazar espíritus. Pero tengo un hambre de pasión metafísica que convierte en Dios todo lo que toco.

martes, diciembre 27, 2005

Cebras y Reglas


LA CEBRA

La cebra es un mamífero originario de África. El pelaje rayado que posee lo distingue del caballo, conocido por la utilidad que presta en todo tipo de trabajos domésticos, usos, tareas y competencias lucrativas. La cebra se parece físicamente al caballo, pero es más pequeña que él y se comporta como un asno salvaje. En su cabeza, y a lo largo del cuello tiene una crin gruesa de pelos erectos que coronan sus grandes orejas. La cola es corta y termina en un mechón de pelos negros. El diseño que muestra su piel de rayas oscuras sobre fondo blanco tiene una función natural de camuflaje para permitirle disimular su presencia en el hábitat donde se desenvuelve, normalmente casa —y territorio de caza— de sus enemigos más feroces que son los leones, aunque la especie que verdaderamente no cejará en su acoso hasta extinguirla, es la de los cazadores, quienes las tienen siempre en la mira para lucrar con su carne y piel, o venderlas para ser expuestas en zoológicos y circos, o utilizarlas en carreras de tiro.
La cebra pertenece a la familia de los Équidos, incluida en el orden de los Perisodáctilos. Existen tres especies de cebras, pero se distinguen subespecies que varían mucho según las diferencias en la disposición de las líneas sobre su pelaje. La cebra montañesa es la más pequeña de las especies. Es fuerte y musculosa, y mide poco más de 1 metro de altura. Su piel es blanca acerada, con líneas negras que ocupan todo su cuerpo, excepto el estómago y la zona interna de los muslos. La cebra de montaña recibe el nombre de Equus zebra. La cebra común se denomina Equus quagga y la cebra de Grant, Equus granti. La cebra de Chapmann se clasifica como Equus chapmannae, la cebra de Böhm como Equus boehmi, la cebra de Burchell (exterminada por los boers y otros colonizadores de África del Sur), era conocida como Equus burchelli, y la cuaga como Equus quagga. La famosa cebra de Grévy, denominada así en honor al presidente francés Jules Grévy, corresponde a la Equus grevyi, especie exterminada durante el siglo XIX.


PASO DE CEBRA

No está claro el punto de origen de la entrada triunfal del paso de cebra al Reglamento del Tránsito. Pero allí, la evidencia de la ley demanda en su artículo 167, qué es y cómo debe ser usado el paso de cebra. ¿A quién se le ocurrió diseñar un conjunto de líneas blancas sobre el pavimento para demarcar un terreno seguro en la avanzada de los peatones? Es un asunto que preocupa seriamente a los científicos, quienes han enfrentado el tema como un problema epistemológico, intentando definir en esencia lo que es el paso mismo. Ritmo, calzadas y calzados, trotes, pezuñadas, tacones, herraduras, huellas y sus consecuentes pataletas metafísicas llaman a la confusión. Por eso, el Manual del Tránsito ordena que la demarcación del paso de cebra debe ser claro y visible, especialmente de noche. Y las reglas son las reglas: los peatones tienen prioridad ante un paso de cebra respecto de los vehículos que se aproximan. Entonces, donde la visibilidad se dificulte por factores como lluvia, suciedad y bruma, el paso se reforzará con balizas intermitentes. Y si existe el peligro de que una manada se desbande por donde no corresponde, se colocarán vallas peatonales. Quizá ¿paralelos y meridianos? ¿coordenadas situacionales?
¿Reglas del juego, del tránsito, de la moda? Lo cierto es que estas convenciones llevan a creer que ejercemos el derecho a mantenernos con vida si cruzamos por un paso de cebra aquí y en cualquier lugar del mundo. Los automovilistas no exterminarán a los caminantes como si fuesen cebras salvajes. Entonces ¿por qué ellos representan el 50% de las víctimas de accidentes de tránsito? He ahí una señal de peligro. Algo anda mal en la estrategia para parecer cebra. Alguien opinó que hace falta más coordinación entre los actores que intervienen en el espacio público, ya que la mayoría de los peatones y automovilistas no conocen o no aplican las normas que regulan la dimensión oculta de los pasos de cebra —mal ubicados y señalizados—, lo que aumenta el riesgo de atropellos y choques. T. P. Mulligan, ha escrito que la Dirección del Tráfico Mundial publicó unos “criterios operativos comunes aplicables en todos los países para aclarar definitivamente lo que es un paso de cebra”. Con ello demuestro la preocupación generalizada existente en el tema y reproduzco dos puntos iluminadores, tanto, como una revelación divina:
“C) El color de las franjas puede ser variable pero se preferirán el blanco y el amarillo evitando los tonos escandalosos o de mal gusto (el lila y el floreado quedan prohibidos)”.

“E) Queda prohibido pararse a charlar, merendar, traficar con droga o armas, o hacer el amor en los pasos de cebra. Los peatones pasarán rapidito y nunca harán gestos despectivos o “toreros” a los conductores de los vehículos al pasar. Los conductores, tienen prohibido acelerar en punto muerto o meter miedo con falsas salidas a los peatones que se encuentran cruzando”.

Es doloroso reconocer que avanzamos por las calles como ludópatas que se enrolan en el juego sin oponer resistencia, porque el vicio de ciudadanía es superior al deseo de reflexión. ¿No es mejor esgrimir el humor para enfrentar un puente resbaladizo, una curva peligrosa, una pasarela con fatiga de material, un túnel, un callejón sin salida? ¿Qué habrá al otro lado? Cada cual decide qué secreto desentrañar, qué obsesión perseguir, si buscar a la muerte o trazar el camino para volver de la muerte. La creación es eso, aunque estemos siempre en temporada de caza, expuestos a la liquidación, la eliminación, el retiro, la conciencia de la transitoriedad y el desecho, como pasajeros de las tumbas no permanentes, que cada cierto tiempo pierden el nicho. Y ganar un nicho en el mercado es crucial para la vida terrena. Pero hay otras.