Lakmé, The Flower Duet, Léo Delibes
Video: wolfgangmartin.
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Hay que asumir que se es un animal, cautivo, entre los límites poco claros del espacio cibernético, universal, dudosamente real. Soy un animal... sólo tengo esa certeza y no me queda otra alternativa que escribir poesía para humanizarme. Tal vez debo decir solamente Escribir. Sé que no es la mejor manera para instalarse en un blog dispuesta a cazar espíritus. Pero tengo un hambre de pasión metafísica que convierte en Dios todo lo que toco.

William Bouguereau, Flora y Zephyr.
El encuentro mítico
Bastarían unas cuantas flores sobre el césped
unas alas lo suficientemente fuertes
como para trasladar a dos fantasmas por la vida
y el beso que da cuerpo y despierta
aunque estén cerradas todas las tiendas de disfraces.
Y unas pocas estrellas que bailen
al ritmo de los cuatro vientos
y que vayan rodando por la noche
extendida como un mantel estampado de misterios
y palabras que dejan ecos rebotando
en la piel del discreto amanecer.
Y esos velos agitándose sobre las olas
de un mar bravo como un animal furioso
al que montamos
mientras nos sostenemos de un cometa rebelde
que quiere derramar su luz sobre nosotros
hasta fundirse en el retrato
de la primera explosión del deseo.
Bastaría aquella música que traduce todos los idiomas
para comunicarnos entre el silencio y el vacío
de las horas que se mueren en cascada
y ruedan por el tiempo sin destino
¿Alcanzaste a respirar, amor, antes de que ese mar
borrara la playa?
¿Alcanzaste a beber las aguas cristalinas
de la fuente de la memoria antes de verme desaparecer
entre las algas?
¿Notaste la fuerza del cometa que no quería soltarnos
antes de perderse entre las nubes rociadas
de sus tristes cenizas?
¿Has visto cómo se desnudan esas horas antes de morir?
¿Las has oído cantar junto al piano con voces tan altas
que agitan las campanas de las iglesias
y todas las flores de los jarrones se enlazan para llorar juntas?
Hay un árbol abrazado de anillos milenarios
y un gigante mitológico que hace girar al mundo
para que podamos encontrarnos
aunque nada tenga sentido y sepamos
que vamos a morir como esas horas mudas
y las estrellas y las mariposas
y los sueños
que dejan de respirar cuando se hace tarde
para cumplirlos.
Lila Calderón.
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Video: Duetto dei fiore. Realizado por Piasintei
Seda
"Hervé Joncour empezó a caminar en la sombra que los árboles, encima y alrededor de él, le recortaban a la luz del día. Sólo se detuvo cuando de repente la vegetación se abrió, por un instante como una ventana, al borde del sendero. Unos treinta metros más abajo se veía un lago. Y sobre la orilla del lago, sentados en el suelo, de espaldas, Hara Kei y una mujer en un vestido color naranja, los cabellos sueltos sobre la espalda. En el instante en que Hervé Joncour la vio, ella se volvió, lentamente y por un segundo, el tiempo justo para cruzarse con su mirada.
Sus ojos no tenían aspecto oriental, y su rostro era el rostro de una chiquilla.
Hervé Joncour echó a andar de nuevo por la parte intrincada del bosque y cuando salió se encontró al borde del lago. Pocos pasos delante de él, Hara Kei, solo, de espaldas, estaba sentado inmóvil, vestido de negro. Cerca de él había un vestido color naranaja, abandonado en el suelo, y un par de sandalias de paja. Hervé Joncour se acercó. Minúsculas olas circulares posaban el agua del lago en la orilla, como enviadas allí desde lejos (...) Con un gesto imperceptible, antes de retomar el sendero dejó caer uno de sus guantes cerca del vestido color naranja abandonado en la ribera.
(...) Entendió que había llegado a la morada de Hara Kei cuando vio una enorme jaula que custodiaba un número increíble de pájaros de todo tipo: un espectáculo. Hara Kei le había contado que los había hecho traer de todas partes del mundo. Había algunos más costosos que toda la seda que Lavilledieu podía producir en un año. Hervé Joncour se detuvo a mirar aquella magnífica locura. Recordó haber leído en un libro que los hombres orientales, para honrar la fidelidad de sus amantes, no acostumbraban regalarles joyas: sino pájaros refinados y bellísimos".
Alessandro Baricco (Turín, Italia, 1958).
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Video: Mark Kostabi. Realizado por Nebrulla.
El juicio original
André Breton y Paul Éluard
No leas. Mira las figuras blancas que dibujan
los intervalos que separan a las palabras de
muchas líneas de libros, e inspírate en ellas.
Dale a los demás a guardar tu mano.
No te acuestes sobre las murallas.
Retoma la armadura que te has quitado
a la edad de la razón.
Pon al orden en su lugar, desarregla las
piedras del camino.
Forma tus ojos cerrándolos.
Dale a los sueños que has olvidado,
el valor de lo que no conoces.
No prepares las palabras que gritas.
Róbale el sentido al sonido, hay tambores
velados hasta en las vestiduras claras.
Habla según la locura que te ha seducido.
Lo que encuentras sólo te pertenece
mientras tu mano está tendida.
Hazles la sorpresa de no confundir
el futuro del verbo tener, con el pasado
del verbo ser.
Al que pida ver el interior de tu mano,
muéstrale los planetas no descubiertos en el cielo.
(Fragmentos)
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Video: Edvard Munch. Realización: Palabraserrantes. Música: Henryk Górecki, Symphony Nº3, Op.36.
Encarnación del expresionismo
Sabía que algún día deberíamos empezar a despedirnos
Que no hay caso con el tiempo y que no vale la pena engañarse
Y no es cosa de darse la mano y hacer un gesto que se vea casual
Ya nos veremos otra vez
Gracias por todo
Padre madre
Hermanas
Amados amigos y amores
Hijos
Fuera del azar que nos sorprenda
con alguna jugada desafortunada
La certeza
Todos
Todos
Estamos a punto de traspasar esa puerta
Y
Debemos aprender a despedirnos
Últimamente eludo su nombre
E intento sostenidamente de evitar el filo de su espada
Pero su brillo ciega
A veces
En esas mañanas en que las sábanas parecen sudarios
Y al desplegarlas caen las preguntas
Que vienen de tiempos tan remotos
Y que parecieran cubrir el origen de todos los lenguajes
Vengo por usted
Parecen decir
Lo espero
No se preocupe
No lleve nada
Que el camino es largo
Y la carga pesa
Y no hay a quien más entregarla
No se confunda
Acaso no leyó las señales
No aprendió
No sospechó
De qué se trataba
No oyó la música
No distinguió la soledad infinita
de las estrellas
Hay que despedirse por adelantado
y ser agradecido
pero duele fuerte el corazón
cuando se ve agobiado por las sombras
y no hay cómo calmarlo
Es el techo que se cae a pedazos
y comienza a filtrar la luz
y las goteras estancadas
y esas hojas secas de un antiguo otoño
esas hojas que no volaron
serán los fósiles que formarán el mármol del sueño
donde nos perderemos un día
Hay que despedirse
y dar las gracias
Ya sabemos del sacrificio
y del altar donde cada cual ha entregado su pasión
Y aunque de nada sirve
hay que reconocer que existió la posibilidad
de ser mejor
pero la niebla
es como una cortina que se mueve con el viento
y el paisaje cambia demasiado rápido
y luego
cuál era el camino
dónde está indicada la mejor decisión
Tampoco es conveniente una despedida rotunda
o retirarse indignado maldiciendo
a medio mundo
no hay que cerrar las puertas
Y hay que buscar la luz
Por sobre todo
Hay que buscar la luz
(Lila Calderón)
