Animal cautivo

Hay que asumir que se es un animal, cautivo, entre los límites poco claros del espacio cibernético, universal, dudosamente real. Soy un animal... sólo tengo esa certeza y no me queda otra alternativa que escribir poesía para humanizarme. Tal vez debo decir solamente Escribir. Sé que no es la mejor manera para instalarse en un blog dispuesta a cazar espíritus. Pero tengo un hambre de pasión metafísica que convierte en Dios todo lo que toco.

sábado, octubre 03, 2009

Desgarro cósmico

















"Desgarro cósmico", de Enrique Zañartu


Desgarro cósmico

Lila Calderón

Cuando tuvimos nuestro primer encuentro yo no sabía de qué o quién se trataba. En todo caso nunca me ha preocupado mucho andar identificando personajes o figuras en las manchas, prefiero el misterio, pero no puedo negar que algo superior a mí, algo atávico, oscuro e irrenunciable me llevaba de vuelta a la observación de cada detalle, un trenzado, un arabesco, la textura de una estrella, un ojo, quizás una escalera de caracol con las huellas de un oleaje reciente. Y entonces, pasado el primer peldaño venía la comparación, y luego, esto se parece a esto, y si no se parece entonces es otra cosa, pero qué, y mientras se urdía la metáfora se perdía un tiempo crucial para que esa cosa sin nombre cobrará vida y lograra convertirse en algo, fatalmente parecido a algo que no existía aún. Porque si no hay semejanza, se abre mecánicamente la jaula habilitada para reducir, medir, hacer esperar al objeto —si realmente lo hubiese—, con el fin de interrogarlo hasta que hable, y para qué negar, las alucinaciones son también visitas constantes cuando me dispongo a escribir un poema o cazar una abstracción que choca contra la ventana abierta para inquietarme, como ahora, que no consigo discernir si aquello que asomaba del cuadro era una grieta o una gruta por donde se escapaba la pata de una mosca o una abeja, porque se parecían bastante, pero, además estaba el ala indudable. Luego, era un insecto. Un insecto maravilloso como Gregorio Samsa lleno de dudas que lo hacían crecer, hincharse, temer estallar, avergonzarse de ser en un espacio tan agreste como una sala de parto o de metamorfosis. Una sala de camuflajes con cortinas de vidrio drapeado y nervaduras de plomo. ¿Sería un insectario o algo así como un vitral con un ente atrapado en medio de la asfixia por un cazador de mariposas?

A pesar de luchar contra el deseo de reducir a imagen lo que se proyectaba ante mí, había algo que complicaba el panorama. Yo veía un corazón, presentía un cuerpo que luchaba por vivir y un corazón que latía aún divinamente. Una vena verde y azul transportaba el secreto. Todo era misterio, color del misterio, eco del misterio, tormenta que desgarra al primer crujido de la noche, cuando se oyen los pasos de los dioses que dan cuerda al reloj y crean alarmas para despertar a los mortales. Oí también cantar a las sirenas que perturbaban a Ulises en algún lugar de ultramar ¿o era el lamento de Colón confundido en sus rutas ante el espejismo de las perlas y las sedas?

Era muy tarde cuando descubrí que era el fósil de una araña atrapada en su tela. Una araña muerta por accidente, al cerrar la lazada con la cual tejía el puente para invadir una galaxia delatada por su luminoso gemido. Y esa cortina que cubría todo el fondo de la gruta, era miel derramada sobre una roca que cerraba la entrada al insectario donde habíamos dejado las alas, antes de cambiar de piel para salir a barrer la tierra que aún olía a pintura fresca.


sábado, agosto 08, 2009

Alfonso Calderón (1930-2009)

















***
Brilla ya la muerte,
acróbata en la cuerda.
Se posa en la rama
y salta, ligera
y luminosa, para beber
en el corazón del laurel.
No oigo ya los ruidos
del mundo y me voy
con ella.


Alfonso Calderón (Del libro: "Árbol de gestos")

Hasta pronto, padre querido, gracias por la poesía y el amor a la vida que hiciste florecer en calles, libros y sueños. Buenas noches.

http://www.comunicacionyletras.udp.cl/literatura/muere_premio_nacional_de_literatura_alfonso_calder_n

http://blogs.cooperativa.cl/velismeza/2009/08/10/gracias-alfonso-calderon

http://www.radio.uchile.cl/notas2.asp?idNota=54732

http://www.udp.cl/difusion/especiales/alfonso_calderon/entrevista.htm

viernes, julio 17, 2009

Hablando de películas

Las diez películas

Por el poeta, narrador, ensayista y traductor mexicano
Marco Antonio Campos
















A continuación reproducimos el artículo publicado en la revista
Con-fabulación No. 96



Cuando la revista virtual Con-fabulación, me solicitó cuáles eran para mí las diez mejores películas de la historia del cine, decidí contestar a lo que por años me había negado sistemáticamente porque toda selección de esta suerte es arbitraria e injusta. Luego de darle vueltas algunos días, pensé que no era tan importante el Canon, sino aquellas películas que habían ahondado más en la casa del corazón o abierto ventanas en la casa de la imaginación, que al menos las hubiera visto dos veces y que, de los autores escogidos, hubiera podido seleccionar tres o cuatro más que entraran sin dificultades en cualquier estricta antología. Me incliné por las diez siguientes: El ángel azul (Josef von Sternberg), Roma, ciudad abierta (Roberto Rosellini) Los olvidados (Luis Buñuel), La calle (Federico Fellini), Esplendor en la hierba (Elia Kazan), Persona (Ingmar Bergman), Pierrot, el loco (Jean-Luc Godard), El evangelio según Mateo (Pier Paolo Pasolini), La estrategia de la araña ((Bernardo Bertollucci) y El pasajero (Michelangelo Antonioni). No es difícil observar mi apego entrañable al gran cine italiano, quizá el mejor en conjunto del siglo XX.

En los hechos importantes de la vida y el arte, influye la profunda impresión de la primera vez; así ocurrió con la selección que hice, salvo El ángel azul, que, a mi parecer sólo se aprecia debidamente en la edad madura, cuando el paso de los años se ha vuelto ya un cruel peso, o en este caso particular, el opresivo infortunio del viejo profesor que tarde toma conciencia de que es motivo de irrisión continua.

De una manera realista o literaria en tres de los filmes seleccionados están implícitos, por un lado, el tema del doble y los desdoblamientos, y por otro, la negación del propio ser: Persona, La estrategia de la araña y El pasajero. El primero versa sobre una actriz (Elisabeth Vogler), que se inventa en la vida real un nuevo personaje apegadamente negativo, que a su vez acaba confundiéndose o siendo en algún momento el de la joven enfermera (Alma) que la cuida, o sea, una mujer que actúa en un doble personaje y en una doble persona; en el segundo filme, de alguna manera la persona del padre (Atos Magnani) se pasa a la del hijo (Atos Magnani) y borgeanamente puede ser el héroe emblemático de la Resistencia contra el fascismo y en la realidad un traidor despreciable; en El pasajero, el protagonista, al apropiarse de los documentos de otro para cambiar de identidad ignora, al hacerlo, que le depara algo peor. Pocos cineastas han cuidado tanto el estudio de los caracteres como Antonioni. ¿No declaró en una entrevista alguna vez que seguía “a los personajes para descubrir sus pensamientos más ocultos”? Nunca en su corta carrera Maria Schneider fue dirigida mejor, o si de quiere, nunca un papel se adecuó tanto para que lo actuara ella como el de la joven amante del falso contrabandista de armas (Jack Nicholson). La magistral escena final deja que el drama se distancie al verse teatralmente más desde la calle que en el cuarto del asesinado.

Para los grandes cineastas italianos la época del fascismo mussoliniano ha sido una obsesión. Interrogar e interrogarse para buscar respuestas de ese lastre moral y esa lenta tragedia que quedaron grabados en el imaginario colectivo y que siguió y sigue marcando a Italia mucho más para mal que para bien: desde Benito Mussolini hasta su la caricatura delictiva llamada Silvio Berlusconi. Pero creo que a ningún realizador italiano obsesionó más el tema que a Roberto Rossellini, gran maestro de maestros. De Roma, ciudad abierta, que trata sobre la Resistencia contra los alemanes, escribió Georges Sadoul, que con este “grito del corazón” se “impuso mundialmente el neorrealismo”. Manteniendo al espectador en tensión continua, es una película sobriamente perfecta: no parece faltar ni sobrar nada. En ella están hermosamente elevados el heroísmo y el sacrificio, la ternura y la tristeza, pero también el desprecio y el odio, el miedo y la traición. Son inolvidables en el filme las actuaciones de Anna Magnani (Pina), y de quienes son líderes o miembros de la Resistencia: Marcello Pagliero (Giorgio Manfredi), Aldo Fabrizi (el sacerdote Don Pietro), y F. Grandjacquet (Francesco). Nadie, que la haya visto, olvidará el asesinato en la calle de la prometida de Francesco (Pina) a manos de los soldados alemanes, cuando instintivamente corre hacia el carro donde lo llevan preso creyendo que debe ayudarlo y salvarlo. Es una de las grandes escenas de la historia del cine. Roma en el filme deja de ser un decorado; es parte viva de la malaventura. Y una pregunta parece resonar en el corazón de quienes sufren la ocupación nazi: “Y Cristo ¿no nos ve?”

Difícil olvidar en Los olvidados la violencia extrema de los niños sin infancia de los barrios míseros y ultramarginales de Ciudad de México de fines de la década de los cuarenta, pero que, por el genio de Buñuel, se vuelven los de cualquier gran ciudad del mundo. Aun en este 2009 y por mucho tiempo el filme es y seguirá siendo de una actualidad quemante. En ese medio mísero el personaje del Jaibo representa el Mal absoluto y el niño Pedro, sin proponérselo, la gran víctima. En un lúcido ensayo, Octavio Paz escribió en abril de 1951: “Los olvidados no es un filme documental. Tampoco es una película de tesis, de propaganda o de moral (…) Lejos del realismo (social, psicológico y edificante) y del esteticismo, la película de Buñuel se inscribe en la tradición de un arte pasional y feroz, contenido y delirante, que reclama como antecedentes a Goya y a Posada”.

La Strada felliniana es de una tristeza que rompe el corazón frágil. Es el mundo ínfimo del circo ambulante donde tres personajes –un primitivo Zampanó, un tiernísimo Loco y la tonta enamorada de Gelsomina- construyen una vida al margen de la vida que se oye como una canción que toca un pobre violinista callejero en una esquina donde apenas pasa gente.

Elia Kazan no parece cosechar muchos aplausos dentro de la crítica especializada. Desoladora, desgarradamente triste, Esplendor en la hierba, cuya trama sucede a fines de los veinte y principios de los treinta del siglo XX en un pueblo del suroeste de Kansas, es una de las películas que me devastaron en los años de mi primera juventud. ¿Cómo olvidar el alma rota –la juventud rota- de Natalie Word (Deanie en el filme), cuando se hallaba en todo el esplendor de su belleza, y allí queda?

No sé si Godard fue el mejor de los cineastas de la Nouvelle Vague francesa –yo creo que sí- pero ninguno de ellos, a lo largo de su obra, fue más provocativo y propositivo. Pierrot, le fou, protagonizado inolvidablemente por Jean Paul Belmondo, nos recuerda, como en varios personajes de sus filmes –ya lo dijeron La Rochefoucauld y Marguerite Yourcenar- que en la vida es necesario un toque de locura.

Como en casi todo Ingmar Bergman, en sus primeros filmes Pier Paolo Pasolini solía hacer con unos cuantos pesos unos filmes de una intensa sobriedad, o si se quiere, un admirable cine que parecía también escenificado un admirable teatro pobre. Nadie como él, nos ha dado un Cristo más humano, un Cristo más próximo a Cristo, en El Evangelio según Mateo. En el filme, con una sencillez iluminada, se describe a las personas simples y en él se relatan los hechos de un mundo primitivo y puro con altísima poesía.

A grandes rasgos son los filmes que recuerdo con más emoción. Tómese este texto de un entusiasta del cine que no pasó de simple espectador.
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domingo, julio 05, 2009

Buscar un horizonte

domingo, junio 21, 2009

Keith Jarrett Trio



martes, junio 09, 2009

Marco Antonio Campos (México, 1949)


























ELEGÍA DE FILADELFIA

a Juan de Dios Vázquez



Por ella viví en el mal de años (digamos tres),

viví y el calendario señalaba: 1974 a 1977

Crédulo me decía que la vida se hace
como el bronce en las manos de Rodin,
como las parejas enlazadas de Rodin,
como lo decía Paulina en su avanzar como música
bajo el follaje de los fresnos y las casuarinas
de las dos plazuelas de San Sebastián
en las breves y rinconeras calles
del Chimalistac sombrío

El día abre puertas a la luz
Emerjo del Subway y me sumerjo en la marea de gente 
que sale de la mole ennegrecida del City Hall 
En poco más de dos siglos este país de salteadores 
deshizo al mundo para convertirse, 
sin pedírselo nadie, en el forajido
disfrazado de policía 
Bebió hasta hartarse en la pirámide de los sacrificios 
la sangre de los mexicanos para punzar 
con tinta roja en el amate y delimitar en los mapas 
lo que en su saber es el sur de ese país
Como casi todo pueblo, el nuestro,
salvo en libros de historia, no mira ni siquiera 
el rostro mutilado que el salteador sajó
Generaciones van y generaciones vienen
y hace varias generaciones 
que nos arrancaron la mitad del rostro,
y somos amenazados por el perro fiero
que desde la puerta de la casa mira
al perro tullido que merodea con hambre
No es lucha de perros, ni siquiera eso,
me digo, y deambulo triste
a la sombra de un cielo hecho cenizas
en la soledad gris de la mañana trístida, 
y desciendo la calle Chestnut, una calle larguísima 
con tiendas de 
bric-à-brac y de comida rápida
y de construcciones de vidrio y acero y ladrillo rojo,
pero detrás de cuyas paredes se alcanza a ver 
el dinero de los hurtos gigantescos que
les ha servido para comprar el gran arte 
y para pagar a hombres que numeran y marcan 
la piel y la carne de animales y bestias 
en el matadero gigantesco de Wall Street

Pasaron veinticuatro años,
claro, veinticuatro años
La luna, la leve luna, que dio el azahar a otros, 
no me lo dio a mí, 
y en la premura del verano líquido 
terminó todo en escenas de boda convencional
de una pareja a la que ningún augurio
negó la felicidad
Con mi traje puesto para ningunas nupcias,
yo sentí (como en diciembre del ‘74),
cuando tres veces a la sombra me negó
tres veces diciendo que “no me conocía”, 
cuando como cierva asustada
buscaba malezas o huecos en el bosque 
para engañarme en la huida,
yo sentí que los platos y tazas de mi casa
se caían a pedazos en mi casa 
Que muros y muebles se ensombrecían
Que del libro más optimista o baladí
no lograba pasar por mi tristeza 
de la página cinco o la nota dieciséis
Que de pronto en mis libros y cuadernos
lucía su nombre escrito que se rompía 
en su luz múltiplemente y me rompía
la luz del alma en la luz del día contradictorio
Que el único sitio al que puede aspirarse en esta tierra
para vivir con decencia es el jardín emponzoñado
Que daba lo mismo todo
Ya daba lo mismo todo
Ay de aquellos que no oyen a tiempo
el canto de las sirenas, o no lo oyen,
porque el amor pasa como las naves,
porque el amor pasa como las aves,
y no vuelve

Vaya si fue duro ese año oscuro del ‘77 
Fue la única época –
la única
que tomé a diario tranquilizantes
Mi cuerpo de triple roble se debilitó 
y nada me regresó el vigor antiguo
Yo no sabía en ese momento 
que fuerza y fulgor se ensombrecían,
que una desconfiada y fuerte y cauta madurez  
me nacería en los siguientes meses cuando
arrojé a la basura los tranquilizantes,
y  viví, seguí viviendo, creí seguir viviendo
como mejor pude

Doy vuelta en calle ocho y viro a calle Walnut
Entro al café de La Cigale
Saludo al propietario  
Canadiense exhibe el café como francés
Ordeno un doble espresso  Me siento 
Bebo lentamente del espresso
Modelar los cuerpos como el bronce en las manos de Rodin,
nada más exaltado en su pureza que las parejas enlazadas
haciéndose el amor con el más alto amor
en las batallas del lecho, como decía Paulina,
mientras avanzaba musicalmente bajo los árboles
de las plazuelas y de las calles sombríamente verdes
del rinconero e íntimo Chimalistac

Pero fue menguando la fuerza corporal de juventud
Pero mi vida fue pareciéndose al barco de papel del niño 
que un hombre arruga y lanza al suelo con furia
mientras el llanto le cierra la garganta
Arruiné gran parte de mi vida, pero jamás 
me vio nadie escupir el libro de ética en la plaza pública 
o beber hasta saciarme en el charco sucio del jardín,
y eso, en verdad, es lo único que lego,
es decir, algo que no se palpa ni se ve,
y tal cosa, vamos, en México 
ni quien la tome en cuenta 
En México cualquier serpiente o gusarapo habla 
de “conciencia tranquila” o poder “ver de frente”
a los acusadores y a la gente de bien
Pero eso no importa
Pero eso a nadie le importa 
El peor de todos vomita y escupe sobre la camisa alba
del mejor y después lo acusa ante la justicia
o lo vulnera ante la opinión pública

Salgo del café y cruzo la calle
Oigo a lo lejos las navegaciones fluviales y las llegadas
al puerto de las imágenes de los sueños de William Penn
Ha habido días fríos
                                  nublados                                                  
 de claro sol 
Salvo los almendros y los arces en la universidad
los árboles de Filadelfia están desnudos,
pero los pájaros ya llegan a las plazas
al olor de marzo, y las ardillas, 
con las colas más largas que los cuerpos,
retozan en la hierba, brincan, se pican el hocico,
picotean migajas, huronean, desprenden 
el vuelo del vuelo de los árboles

Entro casi a ciegas a Washington Square,
entro y oigo las voces lúgubres de miles 
de soldados que dieron forma a este país,
entro y cruzo la plaza y sigo directo 
hacia calle Spruce, y sigo y sigo, y no paro 
hasta llegar al río, donde en las aguas contemplo a las sirenas
que un día creí que cantaban para mí.

(2001, inédito).
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viernes, junio 05, 2009

Caja de sorpresas


























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.........................Día de cumpleaños...................

domingo, mayo 31, 2009

Museo Magritte




































Para ver el Museo, use estas direcciones:

http://www.magritte.be/ 

http://www.magrittemuseum.be/

El museo surrealista de Magritte

Por Romina de la Sotta Donoso

René Magritte (1898-1967) fue uno de los creadores más singulares de toda la historia. "Es el hombre que transformó imágenes poéticas en poemas plásticos" dice Michel Draguet, director de los Museos Reales de Bellas Artes de Bélgica.

Figura esencial del Surrealismo -que entendió y vivió a su manera- domesticó como nadie a la conciencia y diseñó impresionantes enigmas, instalando el desconcierto. Su potencial subversivo da escalofríos: se adelantó por décadas al Pop Art y al Arte Conceptual, al asumir el nuevo estatus del objeto en la creación artística.

El martes se inaugura en el corazón de Bruselas el Museo Magritte ( www.musee-Magritte-museum.be). Allí se despliegan más de 200 creaciones suyas: pinturas, dibujos, aguadas, esculturas, afiches, fotografías y películas. Brillan obras maestras como "El retorno" (1940), "Sherezade" (1948) y "El imperio de la luz" (1954).

El museo también es singular. Se entiende a sí mismo como obra de arte, y por eso su frontis está vivo: desde la calle, en las ventanas pueden verse imágenes magrittianas en movimiento. Son nubes a la deriva en un cielo intenso.
Todo, en un edificio neoclásico completamente restaurado, gracias a la tecnología de punta avaluada en 6,5 millones de euros, que dispuso la compañía patrocinadora, y que permitió aislar los espacios expositivos de todo peligro ambiental. "Trabajé con GDF SUEZ para crear un 'espacio técnico' entre las paredes del edificio y su interior; lo llamamos 'la segunda piel'" explica Winston Spriet, el escenógrafo del museo.

Así se honra a este creador que a los 30 años, trabajaba como publicista para sobrevivir y cuya casa era sede de sus amigos surrealistas. Un artista que bebió del anarquismo, del Dadaísmo y del comunismo, pero que construyó su propio universo, pues sabía que, en una tela, la paradoja nos permitiría tomar conciencia de que somos esclavos de las convenciones. Un hombre comprometido a tal punto con la verdad, que desmintió la realidad de la percepción y del intelecto.

Lo declaró en 1947: "Ser surrealista es desterrar la noción de 'déjÀ vu'". Sin ello, la libertad era una quimera.



sábado, mayo 23, 2009

El gran Moliére (Francia 1622-1673)



Una escena genial de la película "Moliére", en el momento en que interpreta a un orgulloso y fiero caballo andaluz, al elegante francés y a un percherón.

Un dato interesante que va con el personaje. En su epitafio dice: "Aquí yace Molière, el rey de los actores. En este momento hace de muerto, y de verdad que lo hace bien".

martes, mayo 19, 2009

Mario Benedetti (Uruguay, 1920-2009)


http://www.elpais.com/articulo/cultura/Fallece/poeta/Mario/Benedetti/88/anos/elpepucul/20090517elpepucul_4/Tes


Si Dios fuera una mujer

¿y si Dios fuera una mujer?
Juan Gelman

¿Y si Dios fuera mujer?
pregunta Juan sin inmutarse,
vaya, vaya si Dios fuera mujer
es posible que agnósticos y ateos
no dijéramos no con la cabeza
y dijéramos sí con las entrañas.

Tal vez nos acercáramos a su divina desnudez
para besar sus pies no de bronce,
su pubis no de piedra,
sus pechos no de mármol,
sus labios no de yeso.

Si Dios fuera mujer la abrazaríamos
para arrancarla de su lontananza
y no habría que jurar
hasta que la muerte nos separe
ya que sería inmortal por antonomasia
y en vez de transmitirnos SIDA o pánico
nos contagiaría su inmortalidad.

Si Dios fuera mujer no se instalaría
lejana en el reino de los cielos,
sino que nos aguardaría en el zaguán del infierno,
con sus brazos no cerrados,
su rosa no de plástico
y su amor no de ángeles.

Ay Dios mío, Dios mío
si hasta siempre y desde siempre
fueras una mujer
qué lindo escándalo sería,
qué venturosa, espléndida, imposible,
prodigiosa blasfemia.

viernes, mayo 08, 2009

José Emilio Pacheco Gana “Premio Reina Sofía”

































Fotografías del Encuentro de Poetas Latinos en México, Morelia, el año 2006, que estuvo dedicado a Pacheco, quien se observa al centro de la mesa de lecturas,  en la primera imagen. En la segunda fotografía vemos a Juan Gelman (sexto lugar de izquierda a derecha), quien fuera el ganador en la versión 2005 del mismo Premio .


José Emilio Pacheco (1939), es el ganador del “Premio Reina Sofía”, 2009.

El escritor mexicano fue distinguido con el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, que reconoce la trayectoria de un autor vivo.

El premio es de todos los mexicanos, dijo a "Europa Press" y en especial de los poetas y su poesía, el autor de "Batallas en el desierto" subrayó que la poética que se hace en México es de excelente calidad, aunque no ha sido debidamente reconocida en el resto del mundo. Y este premio, dijo, sirve para proyectarla.

Agradeció el premio en estos momentos "atroces" y "tan terribles que los mexicanos estamos viviendo". Comentó que "al ver cerrados todos los restaurantes, salas de cines y demás establecimientos parecía que estábamos viviendo inmersos en una película y que vivíamos un apocalipsis".

Pacheco pertenece a la Generación del 50 en México, y ha recibido distinciones como el Premio Iberoamericano Pablo Neruda y el José Asunción Silva al mejor libro de poemas en español publicado entre 1990 y 1995.


Saludamos a José Emilio Pacheco con un merecido ¡Viva México, lindo y querido!

martes, mayo 05, 2009

La industria del Apocalipsis

Por Gonzalo Márquez Cristo

-¿Viene por mí? –sorprendido pregunta el caballero a la muerte.
-Hace mucho que camino a tu lado –le responde la pálida figura de la guadaña.
Ingmar Bergman (Séptimo sello).


Que el progreso es tan solo una ilusión queda demostrado siempre que la naturaleza libera sus indómitas armas, pero que el infatuado ser del siglo XXI se atemorice como el hombre medieval ante la opción de una incontrolable epidemia, es inconcebible y, por decir lo menos, pintoresco. Cada año desde la más pérfida jerarquía mundial asistimos a la invención de un nuevo apocalipsis y obnubilados seguimos ese oscuro juego sin detenernos a pensar quiénes se lucran con la imposición de aquellos sombríos artificios. Y en forma particular: ¿quiénes ganan con la propagación de esa epidemia de miedo irradiada en el mundo?

La influenza común cobra decenas de veces más personas que la llamada influenza aviar o porcina –o que la desnutrición- y ahora nadie parece recordarlo. Sin embargo la idea de un exterminio global es inherente a nuestras psiques enfermas y adicionalmente incrementa las ganancias de los poderosos laboratorios farmacéuticos, desplaza gigantescas inversiones a otros sectores de la economía y como siempre impone una neblina sobre algunos agudos problemas que los políticos quieren ocultar.

La idea de un apocalipsis es tan necesaria para los productores de la realidad que sucesivamente todas las posibles pandemias encuentran su fértil escenario. La “vaca loca” y las influenzas, los desprendimientos de asteroides y la sempiterna posibilidad de una guerra nuclear, exacerban el terrorismo en el orden de lo imaginario, destinado a intimidar a una población ingenua, que olvida la fragilidad esencial de la vida.

Impasibles hemos visto durante la última semana como la Cuidad de México, la segunda urbe más populosa del planeta, fue condenada al oscurantismo ante el terror de una incipiente epidemia, y que sus ciudadanos fueron estigmatizados hasta el punto que naciones como Argentina, Ecuador y el Perú suspendieron unilateralmente los vuelos a ese país, verdadera bellaquería con una nación hermana, como si tras de ello se ocultara el perverso interés de desviar los gigantescos ingresos que México capta por su ejemplar industria turística, o como si sus políticos quisieran ocultar al interior otros graves problemas sociales y económicos.

Cuando contemplamos por televisión las calles desiertas de la megalópolis no podemos dejar de pensar en el Diario del año de la peste de Daniel Defoe (crónica de esta devastadora enfermedad en la Inglaterra de 1665), en La peste de Albert Camus (ficción sobre una epidemia en Orán) y por supuesto en esa obra maestra de Bergman,El séptimo sello, en la cual asistimos a la inolvidable escena donde la muerte es retada a una partida de ajedrez por un caballero proveniente de las cruzadas, y donde esta figura aciaga (el número trece del Tarot, la febril calaca, la victoriosa pelona), aceptará la contienda para derrotarlo con las piezas negras, investidas como es sabido, con su color predilecto.

Si en la antigüedad la extinción era un atributo de las divinidades tiránicas, hoy quedamos en manos de una virología, que como hemos visto, es excesivamente innovadora. La señora de la guadaña que al parecer es proclive a jugar ajedrez, ha sido superada por las más furtivas y simples criaturas invisibles. ¿Quién iba a imaginar que dios, el eterno, el infinito y omnipresente, iba terminar reducido a un cruento microbio?

En 1918 la llamada “gripe española” cobró 20 millones de muertos, el mayor holocausto médico de la historia. En 1957 la “gripe asiática” y en 1968 la “gripe de Hong Kong” cobraron numerosas víctimas, pero mucho menos de lo que suponían los sensacionalistas medios de comunicación. Con estos antecedentes hace pocos días se ha querido bautizar a la nueva epidemia “gripe mexicana”, lo cual reforzaría la tentativa de excluir a ese país, que con los omnívoros cerdos y los pobres ciudadanos a quienes se les sorprenda estornudando, pasarán a ser los estigmatizados, los marginados por el funesto régimen social que hemos construido.

Vivimos un Nuevo Oscurantismo, el instaurado por una sociedad traslúcida, degradada y abierta, que todo lo hace visible. Los vendedores de la guerra si no son más ingeniosos serán remplazados por los zares de los medicamentos. ¿Quién puede sostener que no estamos ad portas de la creación de una estirpe viral de laboratorio tal como hacen en la Internet los vendedores de los antivirus para sostener su gigantesco negocio? La adicción por lo escatológico está muy arraigada desde que la iglesia en siglos anteriores se encargó de propagar ese terror en pos de un infame enriquecimiento. Los profetas más prestigiosos del pasado como San Juan y Nostradamus tienen semanalmente una tribuna ecuménica para sus especulaciones catastróficas. Las pestes, los terremotos, los tsunamis, y desde hace seis décadas nuestras inventivas nucleares, atizan la pesadilla de la extinción de la especie humana en la Tierra. No pasa un lustro sin que el hombre, arrogante incluso ante la idea de su fin, no difunda la zozobra de su muerte colectiva.

La industria de la extinción deja cuantiosas ganancias y una enseñanza categórica: la ciencia no ha podido hacer nada para reducir el miedo en el mundo, la tecnología nunca ha trabajado para aumentar la felicidad sino la servidumbre, y como se ve en las imágenes de tantas ciudades del siglo XXI intimidadas en estos días por la “influenza porcina”, somos eficaces en multiplicar el terror.

Por lo cual, inermes y trastornados, debemos prepararnos para danzar entre las ratas como los habitantes de esa villa tomada por la plaga que describe Werner Herzog en su hermoso Nosferatu, porque en verdad cada día que vivimos es el último, con o sin la peste, que siempre está urdiendo un imprevisible y devastador asalto. Las montañas de cadáveres que quemaban en la Edad Media y la madre muerta que amamantaba a su hijo según describe Defoe en su reconocido Diario, serán imágenes recurrentes en nuestras pesadillas. Países estigmatizados, hombres con tapabocas y máscaras, y seres condenados a eliminar el contacto de las manos e incluso los besos del saludo, constituyen el miserable paisaje humano que estamos inventando.

¿Qué nuevo terror se gesta? ¿Otra guerra? ¿Otra enfermedad incontrolable? ¿Un virus más letal que el hambre? ¿Un descomunal acto terrorista? ¿Una peste informática para la que no existe cura por haber hecho metástasis en nuestras mentes? Sin duda todo lo anterior.

History Channel, en un programa sobre El libro perdido de Nostradamus, recientemente especuló evocando las predicciones cósmicas de los mayas que el mundo terminará el 21 de diciembre de 2012. Por lo cual sólo nos queda esperar que un Noé cósmico construya un arca espacial para salvar las especies animales y a su privilegiada familia, que supondremos será multimillonaria. Pero mientras tanto, atemorizados y en nuestra reconocida orfandad utópica, las palabras del sabio Epicuro de Samos irrumpen intactas dos mil años después como una poderosa y necesaria trinchera: “Así pues, el más espantoso de todos los males, la muerte, no es nada para nosotros, porque mientras vivimos ella no existe, y cuando la muerte existe, nosotros ya no somos”.

Y si esa reflexión no es concluyente para atenuar nuestro terror tal vez debamos afiliarnos a la secta que piensa que es imposible la extinción del mundo, simplemente porque ya ocurrió.

Texto publicado en la Revista Con-Fabulación Nº 77
por el escritor colombiano Gonzalo Márquez Cristo (1963).
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jueves, abril 23, 2009

Día del libro



















Pintura: "Libro de libros", de Vladimir Kush.
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Día internacional del libro y del derecho de autor.

sábado, abril 11, 2009

Memoria e imágenes del Yo



El Premio Nacional de Literatura Alfonso Calderón es el siguiente invitado a la Cátedra Roberto Bolaño, donde presentará la conferencia “Memoria e imágenes del yo”, en la que se referirá a la reflexión sobre la autobiografía y el uso de la primera persona en la escritura.


JUEVES 16 DE ABRIL 12:00 horas
AUDITORIO FACULTAD DE COMUNICACIÓN Y LETRAS
UNIVERSIDAD DIEGO PORTALES
VERGARA 240 / METRO LOS HÉROES
ENTRADA LIBERADA


La importancia de ser artista

Por Alfonso Calderón


¿Es agradable escribir? ¿Nos concede el ejercicio del arte un deseo de alabar constantemente a quien nos ha puesto a vivir en permanente relación con el cuadro, el poema, la novela, el mármol, la piedra, el hierro, la música o la reflexión acerca del hombre y su puesto en el cosmos?

En una de sus cartas, León Tolstoi cuenta que escribía Ana Karenina con desagrado. En su correspondencia, sin apaciguarse, Nietzsche habla de los sufrimientos, de las náuseas, de los terribles dolores de cabeza que experimentaba en cada ocasión que se ponía en trance de ordenar las ideas de sus libros.

En Milán, el 7 de octubre de 1868, que es, en verdad, el 26 de septiembre en nuestro calendario, Fedor Dostoiewski, que está trabajando en su novela “El idiota”, escribe a un amigo: “... ante todo me siento terriblemente débil y decaído de tanto trabajar. Llevo casi un año escribiéndome todos los meses un pliego y medio de impresión, lo cual es muy difícil. Además que me falta aquí también la vida rusa, con sus sensaciones, que siempre necesité para mi labor. Por último, aunque usted elogie la idea de la novela, su ejecución hasta aquí no sobresale para nada. Lo que más me atosiga es pensar que, de haber podido escribir esta novela con calma, en un año, y haber dispuesto luego de dos o tres meses para copiarla y corregirla, habría resultado muy distinta; eso lo garantizo”.

Al gran Flaubert se le iba el alma en procura del adjetivo preciso, de la frase bien construida, de la afirmación de sus héroes en la búsqueda de sí mismos. Y ponía distancia de las mujeres, muchas veces, para que no le fuesen a estropear el trabajo, urgiéndolo sexualmente y quitándole energías que necesitaba para un capítulo de “Salambó” o el relato de lo que ocurre en la calle de Rouen, en “Madame Bovary”.

Ni hablar de Balzac. Siempre estaba en deuda con alguien. A veces, con el sastre, con el hombre de los bastones, con el fabricante de chalecos o el editor. Se condenaba a sí mismo, a diario, a galeras, y dormía un par de horas, se atizaba café tras café, en la casa de Passy (París), para dar término a una novela y pagar cuando la pluma aún estaba fresca.

Del pobre Van Gogh, ni hablar. Habría dado su alma por tener algunos miles de francos y no obligarse a veces a pintar sobre otra tela, pues carecía de materiales. Modigliani, luego de alegrarse épicamente tras dar término a un cuadro, debía cambiarlo por pan, un poco de vino y algo en donde poner sus próximos trazos.

Los malestares físicos de Thomas Mann mientras escribía eran innumerables. Kafka sufría lo indecible con el hecho de vivir, ser judío, luchar con su padre, tratar de entenderse con las mujeres sin sentir que lo despojaban del tiempo, de los instantes más profundos en los que deseaba hallarse a solas, y se ponía a desconfiar de todo cuanto había escrito. James Joyce sabía que cada página de “Ulises” lo ponía más cerca de la ceguera. Proust, en medio de los feroces ataques de asma, débil, lleno de aprensiones, se levantaba para ir a ver en el Jeu de Paume, una exposición de pintura holandesa, sobre todo porque estaba la “Visita de Delft”, de Vermeer, que le era indispensable para una escena de “En busca del tiempo perdido”.

¿Vale la pena ser artista? Es asunto suyo…

(Crónica escrita por Calderón en el Diario "La Nación", el 25 de octubre de 1990).

lunes, marzo 30, 2009

Paseo





Paseo

Hacia la noche, no sabiendo donde fijar mi pensamiento
conduzco mi carro por la vieja meseta.

El esplendor del sol poniéndose es inefable;
la sombra del crepúsculo se aproxima a su pesar.

Li Chang-Yin (813-858)