Animal cautivo

Hay que asumir que se es un animal, cautivo, entre los límites poco claros del espacio cibernético, universal, dudosamente real. Soy un animal... sólo tengo esa certeza y no me queda otra alternativa que escribir poesía para humanizarme. Tal vez debo decir solamente Escribir. Sé que no es la mejor manera para instalarse en un blog dispuesta a cazar espíritus. Pero tengo un hambre de pasión metafísica que convierte en Dios todo lo que toco.

domingo, julio 05, 2009

Buscar un horizonte

domingo, junio 21, 2009

Keith Jarrett Trio



martes, junio 09, 2009

Marco Antonio Campos (México, 1949)


























ELEGÍA DE FILADELFIA

a Juan de Dios Vázquez



Por ella viví en el mal de años (digamos tres),

viví y el calendario señalaba: 1974 a 1977

Crédulo me decía que la vida se hace
como el bronce en las manos de Rodin,
como las parejas enlazadas de Rodin,
como lo decía Paulina en su avanzar como música
bajo el follaje de los fresnos y las casuarinas
de las dos plazuelas de San Sebastián
en las breves y rinconeras calles
del Chimalistac sombrío

El día abre puertas a la luz
Emerjo del Subway y me sumerjo en la marea de gente 
que sale de la mole ennegrecida del City Hall 
En poco más de dos siglos este país de salteadores 
deshizo al mundo para convertirse, 
sin pedírselo nadie, en el forajido
disfrazado de policía 
Bebió hasta hartarse en la pirámide de los sacrificios 
la sangre de los mexicanos para punzar 
con tinta roja en el amate y delimitar en los mapas 
lo que en su saber es el sur de ese país
Como casi todo pueblo, el nuestro,
salvo en libros de historia, no mira ni siquiera 
el rostro mutilado que el salteador sajó
Generaciones van y generaciones vienen
y hace varias generaciones 
que nos arrancaron la mitad del rostro,
y somos amenazados por el perro fiero
que desde la puerta de la casa mira
al perro tullido que merodea con hambre
No es lucha de perros, ni siquiera eso,
me digo, y deambulo triste
a la sombra de un cielo hecho cenizas
en la soledad gris de la mañana trístida, 
y desciendo la calle Chestnut, una calle larguísima 
con tiendas de 
bric-à-brac y de comida rápida
y de construcciones de vidrio y acero y ladrillo rojo,
pero detrás de cuyas paredes se alcanza a ver 
el dinero de los hurtos gigantescos que
les ha servido para comprar el gran arte 
y para pagar a hombres que numeran y marcan 
la piel y la carne de animales y bestias 
en el matadero gigantesco de Wall Street

Pasaron veinticuatro años,
claro, veinticuatro años
La luna, la leve luna, que dio el azahar a otros, 
no me lo dio a mí, 
y en la premura del verano líquido 
terminó todo en escenas de boda convencional
de una pareja a la que ningún augurio
negó la felicidad
Con mi traje puesto para ningunas nupcias,
yo sentí (como en diciembre del ‘74),
cuando tres veces a la sombra me negó
tres veces diciendo que “no me conocía”, 
cuando como cierva asustada
buscaba malezas o huecos en el bosque 
para engañarme en la huida,
yo sentí que los platos y tazas de mi casa
se caían a pedazos en mi casa 
Que muros y muebles se ensombrecían
Que del libro más optimista o baladí
no lograba pasar por mi tristeza 
de la página cinco o la nota dieciséis
Que de pronto en mis libros y cuadernos
lucía su nombre escrito que se rompía 
en su luz múltiplemente y me rompía
la luz del alma en la luz del día contradictorio
Que el único sitio al que puede aspirarse en esta tierra
para vivir con decencia es el jardín emponzoñado
Que daba lo mismo todo
Ya daba lo mismo todo
Ay de aquellos que no oyen a tiempo
el canto de las sirenas, o no lo oyen,
porque el amor pasa como las naves,
porque el amor pasa como las aves,
y no vuelve

Vaya si fue duro ese año oscuro del ‘77 
Fue la única época –
la única
que tomé a diario tranquilizantes
Mi cuerpo de triple roble se debilitó 
y nada me regresó el vigor antiguo
Yo no sabía en ese momento 
que fuerza y fulgor se ensombrecían,
que una desconfiada y fuerte y cauta madurez  
me nacería en los siguientes meses cuando
arrojé a la basura los tranquilizantes,
y  viví, seguí viviendo, creí seguir viviendo
como mejor pude

Doy vuelta en calle ocho y viro a calle Walnut
Entro al café de La Cigale
Saludo al propietario  
Canadiense exhibe el café como francés
Ordeno un doble espresso  Me siento 
Bebo lentamente del espresso
Modelar los cuerpos como el bronce en las manos de Rodin,
nada más exaltado en su pureza que las parejas enlazadas
haciéndose el amor con el más alto amor
en las batallas del lecho, como decía Paulina,
mientras avanzaba musicalmente bajo los árboles
de las plazuelas y de las calles sombríamente verdes
del rinconero e íntimo Chimalistac

Pero fue menguando la fuerza corporal de juventud
Pero mi vida fue pareciéndose al barco de papel del niño 
que un hombre arruga y lanza al suelo con furia
mientras el llanto le cierra la garganta
Arruiné gran parte de mi vida, pero jamás 
me vio nadie escupir el libro de ética en la plaza pública 
o beber hasta saciarme en el charco sucio del jardín,
y eso, en verdad, es lo único que lego,
es decir, algo que no se palpa ni se ve,
y tal cosa, vamos, en México 
ni quien la tome en cuenta 
En México cualquier serpiente o gusarapo habla 
de “conciencia tranquila” o poder “ver de frente”
a los acusadores y a la gente de bien
Pero eso no importa
Pero eso a nadie le importa 
El peor de todos vomita y escupe sobre la camisa alba
del mejor y después lo acusa ante la justicia
o lo vulnera ante la opinión pública

Salgo del café y cruzo la calle
Oigo a lo lejos las navegaciones fluviales y las llegadas
al puerto de las imágenes de los sueños de William Penn
Ha habido días fríos
                                  nublados                                                  
 de claro sol 
Salvo los almendros y los arces en la universidad
los árboles de Filadelfia están desnudos,
pero los pájaros ya llegan a las plazas
al olor de marzo, y las ardillas, 
con las colas más largas que los cuerpos,
retozan en la hierba, brincan, se pican el hocico,
picotean migajas, huronean, desprenden 
el vuelo del vuelo de los árboles

Entro casi a ciegas a Washington Square,
entro y oigo las voces lúgubres de miles 
de soldados que dieron forma a este país,
entro y cruzo la plaza y sigo directo 
hacia calle Spruce, y sigo y sigo, y no paro 
hasta llegar al río, donde en las aguas contemplo a las sirenas
que un día creí que cantaban para mí.

(2001, inédito).
.

viernes, junio 05, 2009

Caja de sorpresas


























.

.
.........................Día de cumpleaños...................

domingo, mayo 31, 2009

Museo Magritte




































Para ver el Museo, use estas direcciones:

http://www.magritte.be/ 

http://www.magrittemuseum.be/

El museo surrealista de Magritte

Por Romina de la Sotta Donoso

René Magritte (1898-1967) fue uno de los creadores más singulares de toda la historia. "Es el hombre que transformó imágenes poéticas en poemas plásticos" dice Michel Draguet, director de los Museos Reales de Bellas Artes de Bélgica.

Figura esencial del Surrealismo -que entendió y vivió a su manera- domesticó como nadie a la conciencia y diseñó impresionantes enigmas, instalando el desconcierto. Su potencial subversivo da escalofríos: se adelantó por décadas al Pop Art y al Arte Conceptual, al asumir el nuevo estatus del objeto en la creación artística.

El martes se inaugura en el corazón de Bruselas el Museo Magritte ( www.musee-Magritte-museum.be). Allí se despliegan más de 200 creaciones suyas: pinturas, dibujos, aguadas, esculturas, afiches, fotografías y películas. Brillan obras maestras como "El retorno" (1940), "Sherezade" (1948) y "El imperio de la luz" (1954).

El museo también es singular. Se entiende a sí mismo como obra de arte, y por eso su frontis está vivo: desde la calle, en las ventanas pueden verse imágenes magrittianas en movimiento. Son nubes a la deriva en un cielo intenso.
Todo, en un edificio neoclásico completamente restaurado, gracias a la tecnología de punta avaluada en 6,5 millones de euros, que dispuso la compañía patrocinadora, y que permitió aislar los espacios expositivos de todo peligro ambiental. "Trabajé con GDF SUEZ para crear un 'espacio técnico' entre las paredes del edificio y su interior; lo llamamos 'la segunda piel'" explica Winston Spriet, el escenógrafo del museo.

Así se honra a este creador que a los 30 años, trabajaba como publicista para sobrevivir y cuya casa era sede de sus amigos surrealistas. Un artista que bebió del anarquismo, del Dadaísmo y del comunismo, pero que construyó su propio universo, pues sabía que, en una tela, la paradoja nos permitiría tomar conciencia de que somos esclavos de las convenciones. Un hombre comprometido a tal punto con la verdad, que desmintió la realidad de la percepción y del intelecto.

Lo declaró en 1947: "Ser surrealista es desterrar la noción de 'déjÀ vu'". Sin ello, la libertad era una quimera.



sábado, mayo 23, 2009

El gran Moliére (Francia 1622-1673)



Una escena genial de la película "Moliére", en el momento en que interpreta a un orgulloso y fiero caballo andaluz, al elegante francés y a un percherón.

Un dato interesante que va con el personaje. En su epitafio dice: "Aquí yace Molière, el rey de los actores. En este momento hace de muerto, y de verdad que lo hace bien".

martes, mayo 19, 2009

Mario Benedetti (Uruguay, 1920-2009)


http://www.elpais.com/articulo/cultura/Fallece/poeta/Mario/Benedetti/88/anos/elpepucul/20090517elpepucul_4/Tes


Si Dios fuera una mujer

¿y si Dios fuera una mujer?
Juan Gelman

¿Y si Dios fuera mujer?
pregunta Juan sin inmutarse,
vaya, vaya si Dios fuera mujer
es posible que agnósticos y ateos
no dijéramos no con la cabeza
y dijéramos sí con las entrañas.

Tal vez nos acercáramos a su divina desnudez
para besar sus pies no de bronce,
su pubis no de piedra,
sus pechos no de mármol,
sus labios no de yeso.

Si Dios fuera mujer la abrazaríamos
para arrancarla de su lontananza
y no habría que jurar
hasta que la muerte nos separe
ya que sería inmortal por antonomasia
y en vez de transmitirnos SIDA o pánico
nos contagiaría su inmortalidad.

Si Dios fuera mujer no se instalaría
lejana en el reino de los cielos,
sino que nos aguardaría en el zaguán del infierno,
con sus brazos no cerrados,
su rosa no de plástico
y su amor no de ángeles.

Ay Dios mío, Dios mío
si hasta siempre y desde siempre
fueras una mujer
qué lindo escándalo sería,
qué venturosa, espléndida, imposible,
prodigiosa blasfemia.

viernes, mayo 08, 2009

José Emilio Pacheco Gana “Premio Reina Sofía”

































Fotografías del Encuentro de Poetas Latinos en México, Morelia, el año 2006, que estuvo dedicado a Pacheco, quien se observa al centro de la mesa de lecturas,  en la primera imagen. En la segunda fotografía vemos a Juan Gelman (sexto lugar de izquierda a derecha), quien fuera el ganador en la versión 2005 del mismo Premio .


José Emilio Pacheco (1939), es el ganador del “Premio Reina Sofía”, 2009.

El escritor mexicano fue distinguido con el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, que reconoce la trayectoria de un autor vivo.

El premio es de todos los mexicanos, dijo a "Europa Press" y en especial de los poetas y su poesía, el autor de "Batallas en el desierto" subrayó que la poética que se hace en México es de excelente calidad, aunque no ha sido debidamente reconocida en el resto del mundo. Y este premio, dijo, sirve para proyectarla.

Agradeció el premio en estos momentos "atroces" y "tan terribles que los mexicanos estamos viviendo". Comentó que "al ver cerrados todos los restaurantes, salas de cines y demás establecimientos parecía que estábamos viviendo inmersos en una película y que vivíamos un apocalipsis".

Pacheco pertenece a la Generación del 50 en México, y ha recibido distinciones como el Premio Iberoamericano Pablo Neruda y el José Asunción Silva al mejor libro de poemas en español publicado entre 1990 y 1995.


Saludamos a José Emilio Pacheco con un merecido ¡Viva México, lindo y querido!

martes, mayo 05, 2009

La industria del Apocalipsis

Por Gonzalo Márquez Cristo

-¿Viene por mí? –sorprendido pregunta el caballero a la muerte.
-Hace mucho que camino a tu lado –le responde la pálida figura de la guadaña.
Ingmar Bergman (Séptimo sello).


Que el progreso es tan solo una ilusión queda demostrado siempre que la naturaleza libera sus indómitas armas, pero que el infatuado ser del siglo XXI se atemorice como el hombre medieval ante la opción de una incontrolable epidemia, es inconcebible y, por decir lo menos, pintoresco. Cada año desde la más pérfida jerarquía mundial asistimos a la invención de un nuevo apocalipsis y obnubilados seguimos ese oscuro juego sin detenernos a pensar quiénes se lucran con la imposición de aquellos sombríos artificios. Y en forma particular: ¿quiénes ganan con la propagación de esa epidemia de miedo irradiada en el mundo?

La influenza común cobra decenas de veces más personas que la llamada influenza aviar o porcina –o que la desnutrición- y ahora nadie parece recordarlo. Sin embargo la idea de un exterminio global es inherente a nuestras psiques enfermas y adicionalmente incrementa las ganancias de los poderosos laboratorios farmacéuticos, desplaza gigantescas inversiones a otros sectores de la economía y como siempre impone una neblina sobre algunos agudos problemas que los políticos quieren ocultar.

La idea de un apocalipsis es tan necesaria para los productores de la realidad que sucesivamente todas las posibles pandemias encuentran su fértil escenario. La “vaca loca” y las influenzas, los desprendimientos de asteroides y la sempiterna posibilidad de una guerra nuclear, exacerban el terrorismo en el orden de lo imaginario, destinado a intimidar a una población ingenua, que olvida la fragilidad esencial de la vida.

Impasibles hemos visto durante la última semana como la Cuidad de México, la segunda urbe más populosa del planeta, fue condenada al oscurantismo ante el terror de una incipiente epidemia, y que sus ciudadanos fueron estigmatizados hasta el punto que naciones como Argentina, Ecuador y el Perú suspendieron unilateralmente los vuelos a ese país, verdadera bellaquería con una nación hermana, como si tras de ello se ocultara el perverso interés de desviar los gigantescos ingresos que México capta por su ejemplar industria turística, o como si sus políticos quisieran ocultar al interior otros graves problemas sociales y económicos.

Cuando contemplamos por televisión las calles desiertas de la megalópolis no podemos dejar de pensar en el Diario del año de la peste de Daniel Defoe (crónica de esta devastadora enfermedad en la Inglaterra de 1665), en La peste de Albert Camus (ficción sobre una epidemia en Orán) y por supuesto en esa obra maestra de Bergman,El séptimo sello, en la cual asistimos a la inolvidable escena donde la muerte es retada a una partida de ajedrez por un caballero proveniente de las cruzadas, y donde esta figura aciaga (el número trece del Tarot, la febril calaca, la victoriosa pelona), aceptará la contienda para derrotarlo con las piezas negras, investidas como es sabido, con su color predilecto.

Si en la antigüedad la extinción era un atributo de las divinidades tiránicas, hoy quedamos en manos de una virología, que como hemos visto, es excesivamente innovadora. La señora de la guadaña que al parecer es proclive a jugar ajedrez, ha sido superada por las más furtivas y simples criaturas invisibles. ¿Quién iba a imaginar que dios, el eterno, el infinito y omnipresente, iba terminar reducido a un cruento microbio?

En 1918 la llamada “gripe española” cobró 20 millones de muertos, el mayor holocausto médico de la historia. En 1957 la “gripe asiática” y en 1968 la “gripe de Hong Kong” cobraron numerosas víctimas, pero mucho menos de lo que suponían los sensacionalistas medios de comunicación. Con estos antecedentes hace pocos días se ha querido bautizar a la nueva epidemia “gripe mexicana”, lo cual reforzaría la tentativa de excluir a ese país, que con los omnívoros cerdos y los pobres ciudadanos a quienes se les sorprenda estornudando, pasarán a ser los estigmatizados, los marginados por el funesto régimen social que hemos construido.

Vivimos un Nuevo Oscurantismo, el instaurado por una sociedad traslúcida, degradada y abierta, que todo lo hace visible. Los vendedores de la guerra si no son más ingeniosos serán remplazados por los zares de los medicamentos. ¿Quién puede sostener que no estamos ad portas de la creación de una estirpe viral de laboratorio tal como hacen en la Internet los vendedores de los antivirus para sostener su gigantesco negocio? La adicción por lo escatológico está muy arraigada desde que la iglesia en siglos anteriores se encargó de propagar ese terror en pos de un infame enriquecimiento. Los profetas más prestigiosos del pasado como San Juan y Nostradamus tienen semanalmente una tribuna ecuménica para sus especulaciones catastróficas. Las pestes, los terremotos, los tsunamis, y desde hace seis décadas nuestras inventivas nucleares, atizan la pesadilla de la extinción de la especie humana en la Tierra. No pasa un lustro sin que el hombre, arrogante incluso ante la idea de su fin, no difunda la zozobra de su muerte colectiva.

La industria de la extinción deja cuantiosas ganancias y una enseñanza categórica: la ciencia no ha podido hacer nada para reducir el miedo en el mundo, la tecnología nunca ha trabajado para aumentar la felicidad sino la servidumbre, y como se ve en las imágenes de tantas ciudades del siglo XXI intimidadas en estos días por la “influenza porcina”, somos eficaces en multiplicar el terror.

Por lo cual, inermes y trastornados, debemos prepararnos para danzar entre las ratas como los habitantes de esa villa tomada por la plaga que describe Werner Herzog en su hermoso Nosferatu, porque en verdad cada día que vivimos es el último, con o sin la peste, que siempre está urdiendo un imprevisible y devastador asalto. Las montañas de cadáveres que quemaban en la Edad Media y la madre muerta que amamantaba a su hijo según describe Defoe en su reconocido Diario, serán imágenes recurrentes en nuestras pesadillas. Países estigmatizados, hombres con tapabocas y máscaras, y seres condenados a eliminar el contacto de las manos e incluso los besos del saludo, constituyen el miserable paisaje humano que estamos inventando.

¿Qué nuevo terror se gesta? ¿Otra guerra? ¿Otra enfermedad incontrolable? ¿Un virus más letal que el hambre? ¿Un descomunal acto terrorista? ¿Una peste informática para la que no existe cura por haber hecho metástasis en nuestras mentes? Sin duda todo lo anterior.

History Channel, en un programa sobre El libro perdido de Nostradamus, recientemente especuló evocando las predicciones cósmicas de los mayas que el mundo terminará el 21 de diciembre de 2012. Por lo cual sólo nos queda esperar que un Noé cósmico construya un arca espacial para salvar las especies animales y a su privilegiada familia, que supondremos será multimillonaria. Pero mientras tanto, atemorizados y en nuestra reconocida orfandad utópica, las palabras del sabio Epicuro de Samos irrumpen intactas dos mil años después como una poderosa y necesaria trinchera: “Así pues, el más espantoso de todos los males, la muerte, no es nada para nosotros, porque mientras vivimos ella no existe, y cuando la muerte existe, nosotros ya no somos”.

Y si esa reflexión no es concluyente para atenuar nuestro terror tal vez debamos afiliarnos a la secta que piensa que es imposible la extinción del mundo, simplemente porque ya ocurrió.

Texto publicado en la Revista Con-Fabulación Nº 77
por el escritor colombiano Gonzalo Márquez Cristo (1963).
.

jueves, abril 23, 2009

Día del libro



















Pintura: "Libro de libros", de Vladimir Kush.
.

Día internacional del libro y del derecho de autor.

sábado, abril 11, 2009

Memoria e imágenes del Yo



El Premio Nacional de Literatura Alfonso Calderón es el siguiente invitado a la Cátedra Roberto Bolaño, donde presentará la conferencia “Memoria e imágenes del yo”, en la que se referirá a la reflexión sobre la autobiografía y el uso de la primera persona en la escritura.


JUEVES 16 DE ABRIL 12:00 horas
AUDITORIO FACULTAD DE COMUNICACIÓN Y LETRAS
UNIVERSIDAD DIEGO PORTALES
VERGARA 240 / METRO LOS HÉROES
ENTRADA LIBERADA


La importancia de ser artista

Por Alfonso Calderón


¿Es agradable escribir? ¿Nos concede el ejercicio del arte un deseo de alabar constantemente a quien nos ha puesto a vivir en permanente relación con el cuadro, el poema, la novela, el mármol, la piedra, el hierro, la música o la reflexión acerca del hombre y su puesto en el cosmos?

En una de sus cartas, León Tolstoi cuenta que escribía Ana Karenina con desagrado. En su correspondencia, sin apaciguarse, Nietzsche habla de los sufrimientos, de las náuseas, de los terribles dolores de cabeza que experimentaba en cada ocasión que se ponía en trance de ordenar las ideas de sus libros.

En Milán, el 7 de octubre de 1868, que es, en verdad, el 26 de septiembre en nuestro calendario, Fedor Dostoiewski, que está trabajando en su novela “El idiota”, escribe a un amigo: “... ante todo me siento terriblemente débil y decaído de tanto trabajar. Llevo casi un año escribiéndome todos los meses un pliego y medio de impresión, lo cual es muy difícil. Además que me falta aquí también la vida rusa, con sus sensaciones, que siempre necesité para mi labor. Por último, aunque usted elogie la idea de la novela, su ejecución hasta aquí no sobresale para nada. Lo que más me atosiga es pensar que, de haber podido escribir esta novela con calma, en un año, y haber dispuesto luego de dos o tres meses para copiarla y corregirla, habría resultado muy distinta; eso lo garantizo”.

Al gran Flaubert se le iba el alma en procura del adjetivo preciso, de la frase bien construida, de la afirmación de sus héroes en la búsqueda de sí mismos. Y ponía distancia de las mujeres, muchas veces, para que no le fuesen a estropear el trabajo, urgiéndolo sexualmente y quitándole energías que necesitaba para un capítulo de “Salambó” o el relato de lo que ocurre en la calle de Rouen, en “Madame Bovary”.

Ni hablar de Balzac. Siempre estaba en deuda con alguien. A veces, con el sastre, con el hombre de los bastones, con el fabricante de chalecos o el editor. Se condenaba a sí mismo, a diario, a galeras, y dormía un par de horas, se atizaba café tras café, en la casa de Passy (París), para dar término a una novela y pagar cuando la pluma aún estaba fresca.

Del pobre Van Gogh, ni hablar. Habría dado su alma por tener algunos miles de francos y no obligarse a veces a pintar sobre otra tela, pues carecía de materiales. Modigliani, luego de alegrarse épicamente tras dar término a un cuadro, debía cambiarlo por pan, un poco de vino y algo en donde poner sus próximos trazos.

Los malestares físicos de Thomas Mann mientras escribía eran innumerables. Kafka sufría lo indecible con el hecho de vivir, ser judío, luchar con su padre, tratar de entenderse con las mujeres sin sentir que lo despojaban del tiempo, de los instantes más profundos en los que deseaba hallarse a solas, y se ponía a desconfiar de todo cuanto había escrito. James Joyce sabía que cada página de “Ulises” lo ponía más cerca de la ceguera. Proust, en medio de los feroces ataques de asma, débil, lleno de aprensiones, se levantaba para ir a ver en el Jeu de Paume, una exposición de pintura holandesa, sobre todo porque estaba la “Visita de Delft”, de Vermeer, que le era indispensable para una escena de “En busca del tiempo perdido”.

¿Vale la pena ser artista? Es asunto suyo…

(Crónica escrita por Calderón en el Diario "La Nación", el 25 de octubre de 1990).

lunes, marzo 30, 2009

Paseo





Paseo

Hacia la noche, no sabiendo donde fijar mi pensamiento
conduzco mi carro por la vieja meseta.

El esplendor del sol poniéndose es inefable;
la sombra del crepúsculo se aproxima a su pesar.

Li Chang-Yin (813-858)

jueves, marzo 12, 2009

La Catedral de Vanessa Droz

















Vanessa Droz en Isla Negra.












Vanessa Droz ante la tumba de Neruda en la casa de Isla Negra.





La Junta de Directores y la Directora Ejecutiva del Instituto de Cultura Puertorriqueña le invitan a la presentación del libro:

E S T R A T E G I A S D E L A C A T E D R A L

de V a n e s s a D r o z.
*
La presentación estará a cargo de Noel Luna.
*
Jueves 12 de marzo de 2009
7:00 p.m.
Edificio de la Diputación Provincial
Calle San Francisco, esq. San José Viejo San Juan
(Entrada por la Calle San José)
*
JULIO ORTEGA: Libro memorable, de rara belleza, emoción cierta y forma pulida,
su estrategia es hacer del lenguaje una catedral.

NOEL LUNA: Estrategias de la catedral expande bella y magistralmente
la importante obra poética de Vanessa Droz.



HAMBRE

Aprendiz de fuego,
me dispongo al manjar que no llega.

Una mesa sin comensales,
un lecho de cal para los muertos que el mar arrulla,
un jardín de lápidas (hermosísimo)
como un juego de dómino que el azar
no termina de acomodar nunca…
Manteles, cubiertos y vasos
provistos por el fósforo
que mi cuerpo despide.

Aprendiz de alimento,
no hay boca que consuma tanta despedida
ni ardimiento que haga más oscuras las palabras.


HAMBRE II

No es hambre, no,
la manera insustancial
en que extiendo la mano
esperando algo, lo que sea,
la herida cintura del alma
abierta al corrompido alimento.
Acudo a los agasajos.
Nerviosa, espero que nadie
note el paroxismo de mi cuerpo.
Allí, entre todos,
también tiemblan mis vísceras
cuando algo
—algún manjar, alguna palabra—
anticipan.

Mi hambre no es de este mundo.

(Del libro: Estrategias de la catedral, de Vanessa Droz)

viernes, marzo 06, 2009

El divino Bach


Bach_Kantate BWV 11_Wenn soll es Doch Geschehen_Lobet Gott in seinen Reichen_Final Chorus. Video: WolfgangSebastien.

miércoles, enero 28, 2009

La pintura de Jacek Yerka


Video: Lila Calderón.
.
.