Animal cautivo

Hay que asumir que se es un animal, cautivo, entre los límites poco claros del espacio cibernético, universal, dudosamente real. Soy un animal... sólo tengo esa certeza y no me queda otra alternativa que escribir poesía para humanizarme. Tal vez debo decir solamente Escribir. Sé que no es la mejor manera para instalarse en un blog dispuesta a cazar espíritus. Pero tengo un hambre de pasión metafísica que convierte en Dios todo lo que toco.

miércoles, enero 18, 2006

PARA ORFEO


















("Orfeo, el trovador cansado", de Giorgio de Chirico)


PARA ORFEO

¿Qué fue lo que te di, Orfeo?
Demasiadas palabras que el aire no contuvo.
Símbolos mudos como agujas indirectas
estallando hasta encarnarse
en el silencio.
Fue demasiado
y ni siquiera sé
si Orfeo habrá entendido,
porque ninguna música
sugirió el recibo de las claves iniciadas
en sol menor.
Sólo las notas y sus cenizas
indicaban cómo escalar un secreto.
La supuesta cumbre
adornaba su ascendente
con evasivas y espejismos... ismos... ismos...
En los rostros invasores
cada ojo escondió su sombra
hasta quedar en evidencia el extravío.
Las estrellas se apagaron temprano
y la llave
murió de frío en los escombros.
Se derrumbó el sueño incongruente:
flores a medio fecundar
bajo el desarreglo,
una eva torpe
de barro de segunda
y un adán
sabor a metales,
distante y real, estatua de futura paciencia.
Orfeo no llegó a saberlo,
ninguna música despertó esa presencia
y un infierno lleno de luces
confundió la mañana entre máscaras
y muertes naturales.
¡Qué razonable!
ORFEO AUN NO ESCAPA
DEL TERRITORIO MÍTICO
y aquí, adivinanzas primitivas me interpretan
desamparada de las musas,
enclaustrada en los espejos.
En otro momento, espero
talar palabras en la sal
y desnudar cruces y tambores
y guerra de campanas
con Sur en armisticio
y refugios sin memoria de violines post-mortem.

Te declaro: reversiblemente muerto
hasta que un aviso de “cese de naufragios”
extienda sus redes de protección
al Paraíso
y un conjuro de islas
en el trópico de capricornio
haga anclar la tormenta
en tus ojos proféticos.

Encadenaré un navío de golondrinas
en migración hipnótica
para saber
si alguna música
nacerá de tu arco
o flechas invencibles
cimbrarán las cuerdas
por mi pronta ejecución.

...Para saber
si la ejecución de esa música
anuncia
que soy Eurídice
y he vuelto.

(Este poema lo escribì en los años 80. Ha pasado el tiempo y yo misma pude constatar que no era Eurìdice. Fue doloroso, pero es interesante ir al rescate de la lecciòn aprendida: me liberè de un mito y puse a Orfeo en su lugar).

3 Voces dicen:

Blogger D... Dice...

Y de seguro andará Orfeo aún por ahí dando vueltas con su lira, intentando melodías que ya no escuchas, porque ya no eres, porque ya estás libre...

Tal vez no eres Eurídice, pero no estamos del todo libres de los mitos...

Por suerte.

miércoles, enero 18, 2006 1:01:00 p. m.  
Blogger Lila Magritte Dice...

Es verdad. A veces andamos de mito en mito y no nos damos cuenta. Y lo peor: Quizàs sì soy eurìdice y esto es el infierno... y a Orfeo ya no le creen nada y no lo dejan entrar.

Un abrazo para ti d.

jueves, enero 19, 2006 9:20:00 p. m.  
Blogger toshiro Dice...

Fascinante poema.
Espero que ahora Eurídice tenga una lira que acompañe a su calma.
Un saludo.

domingo, enero 22, 2006 8:06:00 a. m.  

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